El asesinato de la mujer doble (4)

Martín, despierta! —le gritó por el móvil García ‘El corto' al inspector Martín, que estaba en el mejor sueño del centro de la noche y maldijo confusamente— ¿Has precintado el piso de Amalia L. L.? Amalia madre ha entrado allí esta noche buscando sus gafas: aquellas gafas grandes que aparecieron entre la ropa sucia de la lavadora. ¿No las dejarías allí?
—Pero las tenemos nosotros —protestó Martín—. Nos llevamos todos aquellos trapos y las gafas para buscar sangre, y, que yo sepa, están en el laboratorio.
García ‘El corto’ suspiró con alivio.
—Martín, envía a alguien al piso ahora mismo y que no se mueva de allí.
El inspector gruñó una carcajada.
—¿Crees que mi personal se multiplica como los panes y los peces? No se puede asignar a nadie para que vigile un piso vacío.
A García ‘El corto’ le costó todo el saldo de su móvil y una invitación a cenar en su casa, con Maribel, pero consiguió que Martín se levantase y fuese al piso de Amalia L. L. a las cuatro de la mañana.
La bombilla del rellano del tercer piso continuaba fundida, y, como la escalera no tenía ventanas, sólo el fluorescente de la cabina del ascensor lanzaba un reflejo muy débil y lívido sobre las cosas. Cuando la cabina descendió, la tercera planta quedó en tinieblas.
—Espero que tengas una buena explicación para esta faena —le riñó Martín, que llevaba una vistosa camisa de franela morada. Las flores delicadas que empapelaban las habitaciones de Amalia L. L. parecieron desdibujarse y temblar al verlo.
García ‘El corto’ le contó a su amigo su paseo de medianoche, su encuentro con Amalia madre, sus impresiones… No le mencionó a «Furacroyos», no le pareció necesario.

—Tenemos que buscar gafas, Martín. Todo lo que se relacione con gafas: Fundas de gafas, toallitas para limpiar gafas, recetas de gafas, facturas de gafas, fotos con gafas…
Y García ‘El corto’ empezó la pesquisa en el cajón que tenía más cerca.
Martín le miraba hacer, se pasaba los dedos por los ojos soñolientos y se daba golpecitos en los labios, perplejo.
—Entonces, según tú ¿qué es lo que sucedió ayer noche aquí?
—Celos, dinero y envidia sobre todo. Nuestra Amalia, la hija, era joven, normal, estaba yendo bien en su trabajo… y le gustaba al amigo «Furacroyos». Eso es importante.
En cambio, Amalia L. L. madre es una perdedora: no consiguió un padre para su hija ni una casa propia, vive de emociones virtuales, aislada en una residencia que no puede pagar ella sola… Es brillante y se desvive por agradar, por parecer más joven… pero a pesar de todo no la quieren.
Ayer por la tarde estuvo aquí, y su hija le contó que iba a salir con el tipo a quien ella llevaba meses persiguiendo. Imagina que se lo cuenta cuando sale de la ducha desnuda, mientras se pasea por el piso envuelta en esa toalla grande de baño que encontramos en la lavadora, enseñando piernas, con su cara tersa, tonta, feliz… Un grito, un insulto, un empujón, un suelo mojado, y Amalia había matado a su hija.
Puede que luego intentara ayudarla, que la abrazara, que le quitase la toalla para ver... y que en ese momento perdiese las gafas, que quedaron dentro de la toalla. Luego, en un acto reflejo, introduce la toalla en la lavadora… estaba sucia, es muy femenino eso…
Después intenta huir, salir de allí como sea. No se acuerda siquiera de su bolso, lo olvida encima de la mesa. Habrás visto que el descansillo de la escalera está completamente en tinieblas: por eso no cerró la puerta; si se hubiera quedado a oscuras, habría perdido el juicio, no habría podido escapar. Llegó a la residencia de noche y llamó para que le abrieran. Explicó que su hija la había traído y que se había dejado el bolso en su coche... Es significativo ¿verdad?
—Sí, desde luego. Se estaba fabricando ya una coartada. Nunca quiso contar lo que había hecho, sino salvarse ella. ¿Te parece que eso le ayudó a conservar la cordura? Cuando yo la interrogué por la tarde estaba en su juicio, sentía un dolor real que nos impresionó a todos los que la vimos.
—No es raro que se recuperase. Date cuenta, Martín, de que se ha convertido en propietaria de un buen piso, va a cobrar un dinero del seguro de vida y tiene… “ella” tiene… una cita con el hombre que le gusta. No puede enloquecer hasta ver el resultado de su juego amoroso, sólo continúa intentando borrar sus huellas y por eso necesita recuperar sus gafas.
—Y este «Furacroyos», ¿tú crees que la querrá ahora?
—Ya veremos. De momento, ahí tienes tu caso.
—Hum. Sí. Bonito. Pero no tenemos pruebas, Juan. Es pura fantasía. Una madre que mata así a su hija, por celos…
—No, no. Envidia, envidia de todo lo que la joven tenía y ella no había podido conseguir. Tienes muy idealizadas a las madres, Martín.
—Es que la mía es estupenda —suspiró el inspector con gran alivio, evocando la imagen de su todavía joven madre en uno de sus momentos de buen humor.
Al amanecer encontraron las facturas de las últimas gafas de Amalia L. L. hija en el lugar donde debían haber buscado primero: en el archivador de las facturas. La receta correspondía, efectivamente, a una miopía ligera.
Por la mañana les confirmaron que la toalla de baño contenía manchas de sangre, y que las gafas también estaban manchadas. Y aún más: en uno de los cristales aparecía una huella dactilar que correspondía a Amalia L. L. madre, formada con aquella misma sangre de la muerta.
Cuando el inspector Martín fue a detenerla a mediodía la encontró acostada en su cama sujetando boca abajo unos retratos de su hija. Los que faltaban en el escritorio. No pronunció una palabra, ni volvió a hablar en los años que vivió todavía. Había perdido la razón por fin.
García ‘El corto’ sabía que la cita que ella esperaba sí había tenido lugar: en la puerta de la residencia, por la noche, buscando las llaves, a las vista de todos… El esperado amante había rehuído intimidades, le había tenido miedo… Eso bastó.
—Como aquella Sibila —le comentó al inspector Martín mientras cenaban con Maribel aquella noche, como le había prometido—, pudo quitarle todo a su hija, pero no pudo llevarse el encanto, la gracia, que tiene la juventud.
—¡Oh, sí, de acuerdo! —contestó Martín pasándole el pan a Maribel, que comía con ganas y sin hacerles mucho caso


1 Comments:
aunque lei solo el ultimo escrito excelentemente llevado un tema de sumo interes especialmente para las mujeres que avanzan en los años y se resisten... (mas allá de la realidad patriarcal") Con el 8 de marzo cerca es tema
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